¿Realmente es la Covid-19 la única pandemia que está viviendo la humanidad? / / Melodías, letras y trazos por Palestina (III)

Con motivo de haberse celebrado el pasado 22 de Mayo de 2020 el Día Internacional de AlQuds y los 72 años de La Catástrofe palestina AlNakba, convocamos a autores en diferentes líneas literarias para escribir a favor de la causa. Estaremos colocando aquí los artículos que ya fueron publicados tanto en prensa escrita como digital y sus respectivos enlaces.

Jenny González Muñoz. Profesora Visitante de la Escuela de Artes- Universidad Federal de Minas Gerais-Brasil. Doctora en Cultura y Arte para América Latina y El Caribe (UPEL-Venezuela)  Magister en Memorial Social y Patrimonio Cultural (UFPEL-Brasil) Editora, docente, investigadora y activista social.

¿Realmente es la Covid-19 la única pandemia que está viviendo la humanidad?

En los últimos meses buena parte del mundo ha pasado tiempos difícil por causa de la COVID-19, enfermedad complicada que ataca al humano pudiendo llevarlo rápidamente a la muerte física. Por sus características e imposibilidades de atacarla por medios científicos, ha sido declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), como organismo rector mundial en este ámbito, pandemia, es decir, una enfermedad terriblemente peligrosa que se ha diseminado a nivel mundial ante la que se deben tomar medidas urgentes para salvaguardar la raza humana y, por ende el bienestar social mundial.

Las tentativas de luchar contra el supuesto exterminio han sido concretas y drásticas, se han levantado en la mayoría de los países un cerco de aislamiento social, obligando a las poblaciones a permanecer en sus casas, saliendo estrictamente  en casos necesarios, como ir a comprar alimentos o medicinas, llevar a las mascotas a hacer sus necesidades, mientras que quienes deben trabajar y, por tanto, salir a la calle, deben estar con franca atención a las medidas de seguridad en salubridad. Obviamente, dichas medidas también abarcan otros deberes como mantener distancia prudencial entre sus pares, evitar contacto físico lo más posible,  asumir una nueva costumbre al utilizar mascarillas (máscaras, barbijos, tapabocas, o como se les llame a nivel local)  y tomar normas de higienización sobre todo en las manos, normas, por cierto, que deberían haber formado parte de la cotidianidad desde mucho antes de cualquier pandemia.

De todas estas medidas instauradas por gobiernos como lucha contra el nuevo corona virus (recordemos que este no es el primero, ni la primera pandemia y, muy probablemente no será el último) quizá la más traumática para la mayoría de las personas ha sido el aislamiento social, pues si tomamos en cuenta la realidad de cada individualidad o grupo, fácilmente podremos entender lo difícil que debe ser para muchas personas estar las 24 horas del día encerradas  en un pequeño apartamento o una mínima casa, en un espacio, o bien compartido por otras personas, tornándolo más pequeño aun, o en otros casos verse frente a la soledad más fuerte. Entonces se ha añadido un problema más a la lista que es el desequilibrio emocional, la angustia por el encierro (aunque voluntario), la sensación de pérdida de la identidad personal, en fin, el humano no está hecho, ni preparado para vivir en confinamiento o mantener relaciones a distancia por mucho tiempo.

Ciertamente el mundo, por las razones que fuere, experimenta desde hace siglos situaciones aterradoras como desigualdad social, discriminación, esclavización, pobreza extrema, hambre y, además, falta de recursos básicos como el agua y condiciones dignas de vida (por ejemplo casa donde “quedarse”, en tipos de pandemia), el brutal desarrollo del sistema capitalista nos ha llevado a vendernos como mano de obra para poder seguir subsistiendo en un mundo tan injusto, injusticias, cabe destacar, sostenidas por el propio humano que hoy se aterra ante la posibilidad de su propia muerte.

Desde el confort del confinamiento en casa donde se cuenta con servicios básicos y otros que se han convertido en tales, como acceso a Internet y televisión por cable (cuando no aquellas compañías de filmes), dichas perturbaciones psicológicas sufridas por muchos han disparado la preocupación de especialistas en el área, abriendo alternativas en la virtualidad por medio de charlas o lives, con el objetivo de ayudar a entender la realidad actual y cómo llevarla sin caer en la paranoia.

Pero, frente a esto, ¿qué sucede con aquellos humanos que no conocen otra realidad que el confinamiento y la injusticia social? ¿Dónde está el rol de los organismos internacionales más allá de las teorías y cartas de entendimiento? ¿Cómo se hace para luchar contra el hambre, el aislamiento, el despojo, las enfermedades, en supuestos tiempos de no pandemia? ¿Realmente es la COVID-19 la única pandemia que está viviendo la humanidad?

Cada 15 de mayo el pueblo palestino conmemora el día de Al Nakba, traducido al español como “la catástrofe”, como una manera de sentar en la memoria mundial la tragedia que está viviendo dicho pueblo desde la creación de un “estado” construido por la Organización de la Naciones Unidas (ONU) en 1947 bajo la Resolución 181 del 29 de noviembre, en la que decreta la partición de Palestina para el asentamiento de un futuro “estado judío”. Intereses coloniales de potencias hegemónicas, la derrota del nazismo, el repunte del sionismo, sentimientos de culpabilidad unidos a la victimización judaica, entre otros factores, trajeron consigo el nacimiento de una nueva discriminación étnico-religiosa, en este caso focalizada en pueblos árabes y, en este caso concreto, sostenida en el palestino y las riquezas de sus tierras originarias. De manera que el 15 de mayo de 1948 inicia el proceso de desplazamiento de millones de palestinas y palestinos (situación que ya se venía gestando incluso antes de la resolución de la ONU), quienes se han visto obligados a dejar sus hogares, sus tierras, sus propiedades, comenzando una diáspora que parece no tener fin.

Han pasado 72 años desde que se dio inicio al largo camino que el pueblo palestino ha tenido que recorrer, dejando atrás aquella casa que hoy debería ser lugar perfecto para el aislamiento social para prevenir el contagio de la COVID-19.  Resulta que en Palestina (o lo que va quedando de ella) se está viviendo en aislamiento, confinamiento, en pandemia, desde hace más de 72 años, tal parece sin posibilidades de “vacuna” ni tratamientos con respiradores sociales de índole humano.

La invisibilización de la situación en Palestina aunada a la tergiversación de la realidad del conflicto con el invasión, son elementos agravantes que no permiten una toma de consciencia mundial sobre lo que ha pasado y lo que está sucediendo hoy, contemporáneamente, creando un clima propicio para la búsqueda y puesta en marcha de verdaderos y sinceros planes para solución de la problemática, entre otras cosas, la destrucción del ilegal e inhumano muro del Apartheid, la restauración de las tierras palestinas al pueblo palestino, el fin de la usurpación sionista en el territorio palestino, y la puesta en práctica del derecho al retorno del pueblo palestino a sus casas.

En estos tiempos contemporáneos que parecen ver solo una pandemia, es pertinente pensar en las múltiples realidades que viven los diversos pueblos del mundo, que la visibilidad de las problemáticas que aquejan a las sociedades mal llamadas minoritarias no puede seguir siendo esclarecida y mostrada a través de lo que dictaminan los países hegemónicos y las grandes corporaciones. El mundo contemporáneo ha ido convirtiéndose poco a poco y sin darse cuenta, en una gran Palestina, pues el éxodo obligado, el despojo de tierras legítimas, la desasistencia, el abandono, el hambre, la falta de planes de salud, son aspectos que cada día van creciendo y atacando a los pueblos de países no hegemónicos, es decir, aquellos grupos conformados por humanos que parecen no serlo ante la mirada ciega de países y organizaciones que tienen en sus manos su salvación, mientras, por el contrario, los ignoran o promueven su exclusión social.

¿Cuántos 72 años de confinamiento tendrá que vivir el pueblo palestino para acabar con la pandemia sionista y pro-sionista que los carcome? ¿Será que estos tiempos de COVID-19 también son propicios para liberar a las presas y presos (donde está incluidos niñas, niñas, ancianas y ancianos) que conforman la cárcel más grande del mundo, es decir, Palestina? ¿Cuándo el humano social entenderá el sufrimiento del otro humano social, dejando de lado sus propios intereses y mezquindades cotidianas?

En estos tiempos de COVID-19 en los que la gente ha decidido obedecer para retardar su finitud, es hora de tomar la experiencia para comenzar a ver al mundo como un todo común, donde pueblos como el palestino luchan constantemente por su libertad, su memoria y su propia existencia desde la dignidad

Jenny González Muñoz – http://ultimasnoticias.com.ve/noticias/opinion/realmente-es-la-covid-19-la-unica-pandemia-que-esta-viviendo-la-humanidad/

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